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EL DUELO DESPUÉS DE UN SUICIDIO

11 abril, 2016
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Como seres humanos nos cuesta aceptar que somos mortales, y cada vez que la muerte nos golpea, parece como si fuera la primera vez, nos cuesta aceptarla y superarla. Cada duelo es único, ya hemos profundizado en esto en las noticias anteriores.

Dependiendo de cada caso, el “trabajo de duelo” será más o menos difícil, y más o menos largo. Cuando se trata de un suicidio, se ponen en juego determinadas circunstancias que pueden llevar a la persona en duelo hacia dificultades particulares. El hecho de que la muerte se haya llevado a alguien que jamás pensamos que se la llevaría es un tema complejo puesto que siempre este tema ha tenido una visión un tanto trasgresora de las leyes naturales, es estigmatizada desde la antigüedad por las sociedades, leyes y religiones por lo que es mal vista.
Tras un suicidio, los dolientes se ven inmersos en una situación especialmente agotadora porque no comprenden qué pasó, el por qué se suicidó, por qué no pidió ayuda y surgen las dudas personales ¿Podría haberlo ayudado?, ¿Estuve cuando me necesitó?, etc. Todas estas interrogantes no tendrán una respuesta 100% satisfactoria porque siempre nos faltaran piezas del rompecabezas por completar. Un suicidio muchas veces nos lleva rebelarnos contra Dios o el destino. Por su puesto que además influyen de sobremanera las condiciones del suicidio ya que hay unos más traumáticos que otros.

LAS ETAPAS DE LA REFLEXIÓN FRENTE A UN SUICIDIO SON:

• Me siento invadida/o por un inmenso dolor. El suicido de un ser querido provoca un estado de shock emocional, especialmente si nunca existió un indicio de que esa situación pudiese ocurrir. Esta situación puede durar horas, días e incluso más tiempo. “Es como si me hubiera caído el mundo encima, como si el mundo se hubiera parado”. Esta muerte tan repentina, tan dramática y tan violenta sumerge durante un largo tiempo en un estado de intensa perturbación a todas las personas cercanas al fallecido.

• No entiendo lo que ha pasado. Todo suicidio tiene una parte de misterio. Para comprender a la persona que ha decidido suicidarse es necesario ponerse en su lugar, aunque ni ella misma estaría 100% consciente de la verdadera causa que la llevó a tomar esa determinación. Todo lo que podemos comprender es que aquella persona estaba en un estado de sufrimiento importante y que la vida se le había vuelto intolerable. Querer comprender más allá solo sirve para torturarse. Es necesario admitir que la persona se ha llevado con ella el misterio de porque lo hizo, y que más que juzgarla, hay que tratar de esforzarse y aceptar que no podremos nunca comprenderlo todo.

• Quiero estar con él. Después de la muerte de un ser querido es frecuente sentir deseos de reunirnos con él, sobre todo en el caso de un suicidio. La persona que se ve expuesta en un duelo de este tipo está en un estado de gran sufrimiento y es frecuente encontrar similitudes con la persona fallecida, tenemos tendencias a identificarnos con ella. Pero no hay que alarmarse con estos sentimientos, no es que crezcan ideas suicidas, si no que se trata de una fase temporal dentro del camino del duelo.

• No niego a creerlo. ¡No, no es verdad! ¡No es imposible! Estas son las primeras palabras que abordan a la persona, la primera actitud ante la muerte es el rechazo. Esta es una reacción universal y normal. Lo que cabe preguntarse es: ¿Podemos aceptar el suicidio? Hasta muchos años después, en determinados momentos, nos puede resultar todavía difícil de creer y pensamos: “¿No habrá sido solamente una pesadilla?”. La posibilidad del suicidio puede resultar insoportable y en algunas personas se agrava y puede llegar a convertirse en un estado de negación permanente. El proceso del duelo se bloquea apareciendo una depresión prolongada y otras complicaciones.

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